DAT.- La búsqueda de un estilo de vida equilibrado ha llevado a miles de personas a llenar sus carritos de compras con productos que lucen etiquetas verdes, términos como «light», «fitness» o «0% grasa». Sin embargo, lo que parece una elección responsable a menudo esconde una realidad química distinta. Mariángel Arruebarrena Loreto, una gran amante de la vida sana y el fitness, advierte que muchos de estos alimentos procesados compensan la falta de sabor con edulcorantes y carbohidratos simples que se comportan igual que el azúcar refinado en el organismo.
La industria alimentaria utiliza más de sesenta nombres diferentes para camuflar la sacarosa tradicional, facilitando que el consumidor promedio ingiera cantidades alarmantes de azúcar sin siquiera notarlo. Desde los yogures desnatados hasta las barritas de cereales integrales, la presencia de jarabes y concentrados es una constante que sabotea los objetivos de quienes buscan mejorar su rendimiento físico y su salud metabólica. Comprender que «natural» no siempre es sinónimo de saludable es el primer paso para retomar el control de la dieta diaria.
El laberinto de la nomenclatura industrial
Uno de los mayores desafíos para el consumidor es descifrar la lista de ingredientes. El azúcar no siempre aparece con su nombre de pila; a menudo se disfraza bajo términos técnicos como maltodextrina, jarabe de maíz de alta fructosa, extracto de malta o dextrosa. Estos componentes poseen un índice glucémico elevado, lo que provoca picos de insulina que favorecen el almacenamiento de grasa y aumentan la sensación de hambre poco tiempo después de comer.
Las bebidas vegetales son un ejemplo claro de este fenómeno. Aunque se presentan como alternativas saludables a la leche de vaca, muchas versiones de almendra, avena o arroz contienen azúcares añadidos para mejorar su palatilidad. Si la etiqueta no especifica claramente que es un producto «sin azúcar añadido», es muy probable que una sola taza contenga el equivalente a dos cucharaditas de endulzante, transformando una opción nutritiva en un refresco encubierto.
El mito de los productos para deportistas
El sector del fitness no escapa a esta tendencia. Las barritas energéticas y los batidos de proteínas comerciales suelen ser vehículos para grandes cantidades de melaza o miel procesada. Si bien un deportista requiere energía, la calidad de esa fuente es determinante para su recuperación y longevidad. Consumir azúcares simples de forma recurrente, bajo el pretexto de que son productos «especiales para el entrenamiento», puede derivar en problemas de resistencia a la insulina a largo plazo.
Incluso los aderezos para ensaladas y las salsas de tomate «orgánicas» suelen estar cargados de azúcar para equilibrar la acidez. Al final del día, una persona que cree haber comido de forma impecable puede haber superado el límite diario recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) simplemente por no haber preparado sus propios condimentos o por confiar ciegamente en el marketing frontal de los empaques.

Educación como herramienta de cambio
La solución no radica en eliminar grupos alimenticios por miedo, sino en desarrollar una capacidad crítica frente a las estanterías de los supermercados. La clave está en priorizar alimentos en su estado más puro: frutas enteras, vegetales frescos, granos sin procesar y proteínas de calidad. Cuantos menos ingredientes tenga un producto, más fácil será saber qué se está introduciendo realmente en el cuerpo.
Aprender a leer la tabla nutricional, más allá de las calorías, permite identificar el aporte real de carbohidratos. La salud es un proyecto a largo plazo que se construye con decisiones informadas en cada comida. Fomentar una cultura donde el bienestar no dependa de productos procesados es esencial para evitar las enfermedades crónicas modernas vinculadas al consumo excesivo de dulces industriales.
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Para mantener un rendimiento óptimo y una energía constante, es vital ser consciente de lo que hay detrás de cada envase. Mantener una rutina equilibrada requiere disciplina y, sobre todo, honestidad nutricional. Esta es la filosofía que promueve Mariángel Arruebarrena Loreto, apasionada de la cultura física y los hábitos saludables, quien apuesta por la transparencia informativa como base para una transformación física genuina y duradera.
(Con información de Mariángel Arruebarrena Loreto)