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El devastador doble sismo que sacudió la costa de Venezuela no solo dejó más de tres mil, sino que también marcó el inicio de la vida de un niño en medio de la tragedia. La historia de Eliana García y su familia se entrelaza con el drama de La Guaira, donde otras cientos de personas buscaron refugio tras el devastador doble terremoto.

Cuando las primeras réplicas aún sacudían el suelo, Eliana, con 38 semanas de embarazo, sintió las contracciones en el improvisado campamento de un campo de béisbol. Había llegado allí huyendo del peligro de los edificios colapsadossin imaginar que daría a luz en esas condiciones.

Esa noche, mientras la ciudad costera se llenaba de gritos y socorristas trepaban ruinas para rescatar a sobrevivientes, la joven de 19 años debió enfrentar el parto que los médicos habían descartado como opción. “Sentía como ganas de orinar. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía”, relató García a la agencia AFP.

Las circunstancias del parto fueron extremas: sin agua, sin guantes y apenas con alcohol en gel, una paramédica que buscaba a sus familiares entre los escombros acudió al llamado de auxilio. Alumbrada solo por linternas de teléfonos, asistió a Eliana en plena madrugada. No hubo recursos médicos disponibles, y la improvisación fue la única opción: “Ahí no teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitarse las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol”, recordó Julia Di Giuseppe, cuñada de Eliana.

Scarlett Goitia sostiene al bebé de su hermana Eliana García —quien dio a luz tras los terremotos (Martin Bernetti/AFP)Scarlett Goitia sostiene al bebé de su hermana Eliana García —quien dio a luz tras los terremotos (Martin Bernetti/AFP)

En medio de las réplicas del terremoto y el miedo colectivo, el bebé nació en el campo de béisbol. La familia, sorprendida porque esperaban una niña, recibió a un varón. Durante unos momentos, el silencio llenó el ambiente hasta que los aplausos de los presentes consiguieron provocar el llanto del recién nacido, según la memoria de Di Giuseppe.

El proceso para trasladar a madre e hijo fue igual de complicado. Los familiares cargaron a Eliana primero en brazos y luego en una carreta motorizada, hasta conseguir una ambulancia que los llevó al hospital público, saturado por la emergencia.

Este episodio refleja cómo el colapso de los servicios básicos y las condiciones precarias dificultaron la atención médica tras los terremotos. El recién nacido no pudo recibir vacunas, y la familia fue reubicada en un colegio público que funciona como refugio, en una región que afronta más de 3.600 muertos oficialmente.

Entre los escombros, la tragedia fue doble para la familia. Las dos sobrinas de Di Giuseppe, de 14 y 11 años, murieron bajo toneladas de concreto cuando el edificio popular donde vivían se desplomó. El padre solo pudo identificarlas por una pulsera plateada que llevaba la mayor.

La hermana de Eliana, madre de las niñas, y un sobrino siguen desaparecidos. La incertidumbre se suma al duelo en el refugio de La Guaira.

Eliana García, de 19 años, amamanta a su bebé Gael Jesús (Paula RAMON/AFP)Eliana García, de 19 años, amamanta a su bebé Gael Jesús (Paula RAMON/AFP)

Eliana había elegido el nombre de su hija antes del parto, pero la realidad la obligó a repensarlo al descubrir que era niño. “Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael”, confió entre sollozos. “Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí”.

La historia de Eliana García y su hijo Gael, nacido entre ruinas y pérdidas, brindó un nuevo testimonio del drama humano que acompañó la catástrofe en Venezuela. A pesar del dolor, la familia encuentra amor en el nacimiento y una nueva razón para seguir adelante, incluso en medio de la devastación.

(Con información de AFP)

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